Conexiones Comunitarias El Rincón de los Expertos de TFY
Susan Gamerman, RN, PNP-BC, Comprehensive Hemophilia Program, Children’s Memorial Hospital, Chicago, IL
Correr riesgos es parte natural de crecer. Por supuesto, si no hay riesgos el avance es mínimo. No obstante, en ocasiones los menores corren “riesgos innecesarios.” Y en muchos casos, ni siquiera se dan cuenta de que se exponen a un peligro. Por ejemplo, es perfectamente natural que los niños de corta edad se aventuren a subir una escalera sin pensar en una estrategia para bajar. Incluso hay ocasiones en que los niños en edad escolar todavía no se dan cuenta de que corren riesgos, en vez de limitarse a probar su territorio y los límites que sus padres les han señalado. Durante la adolescencia, la rebelión tiende a ser un factor importante en la adopción de conductas riesgosas. Cualquiera que sea la razón, todos los menores, sin importar su trastorno subyacente ni su edad, simplemente experimentan con su sentido de identidad y desafían los límites de su cuerpo.
Las medidas de seguridad para bebés y niños pequeños y la supervisión de los adultos suelen dar buenos resultados en cuanto a limitar las lesiones en niños de corta edad. En menores en edad escolar, la clave está en recalcar la necesidad de que usen equipo de protección adecuado cuando practiquen un deporte y en ayudarlos a elegir actividades apropiadas. Incluso con la educación adecuada, hay ocasiones en que los niños juegan al fútbol en el jardín trasero (pese a que no deberían) o evaden de alguna manera la mirada vigilante de los padres. Por lo común, es entonces cuando los menores sufren lesiones que no notan de inmediato, no señalan a sus padres o cuya causa no pueden identificar. Si dichas lesiones no son graves ni ponen en riesgo la vida, estas ocasiones son excelentes oportunidades de aprendizaje. Es frecuente que los menores lleguen por su cuenta a la conclusión de que la próxima vez deben ser más cuidadosos. De no ser así, los padres tienen que intervenir y explicarles los riesgos y consecuencias.
En el caso de los adolescentes, que disponen de más tiempo con independencia, el control de las conductas riesgosas resulta más difícil. Es común que piensen: “Nunca tengo problemas” o “En realidad, no sangro muy seguido. No me va a pasar nada.” En su papel de cuidador, es muy importante que señale límites y pautas que ayuden a que el menor tome buenas decisiones. También es importante que conozca a los amigos de su hijo y esté al tanto de su red social. Eso le dará cierta idea del tipo de actividades en que participan y qué tan riesgosas pueden ser.
Si existen buenas bases, debe serle posible dialogar con su hijo para mantener al mínimo los riesgos innecesarios. Si necesita ayuda para construir esas bases, puede acudir a los programas comunitarios, a su centro de tratamiento y a programas educativos de la National Hemophilia Foundation. Eduque a su hijo sobre su trastorno de sangrado, actividades seguras para limitar las lesiones y toma de decisiones inteligentes, y déjelo comportarse de acuerdo a su edad. Recuerde que, a fin de cuentas, los menores con hemofilia tienen los mismos intereses que cualquier otro menor. Sólo tenga cuidado de no limitar a su hijo.

